El enemigo público número dos

Las evidencias de mediocridad, oportunismo, visos de corrupción y a usencia total de análisis técnico están presentes en cada iniciativa de la incontinencia legislativa del nuevo congreso.

El Congreso insiste en que todo el problema con la ley que suspendió el cobro de peajes es que cuatro embajadores enviaron una carta a Plaza Bolívar s/n en vez de Jr. Ucayali 363, obviando que el tema de fondo acá es que esta institución clave es hoy un real peligro para la perspectiva del país.

Antes de seguir, una digresión necesaria pues las viudas del fujiaprismo usan la crítica al congreso actual para argumentar que el anterior no se debió disolver. Conclusión errada: esa decisión fue constitucional y fue necesaria porque el parlamento manejado por FP y el Apra se dedicó a trabar la gobernabilidad y blindar a la corrupción.

Nadie esperaba –no al menos esta modesta columna– que el nuevo congreso tendría buen desempeño, pero sí sorprende que, en solo dos meses, haya realizado el mayor esfuerzo para ser tan malo como el que reemplazó.

Las evidencias de mediocridad, oportunismo, visos de corrupción y ausencia total de análisis técnico están presentes en cada iniciativa de la incontinencia legislativa del nuevo congreso.

La suspensión del cobro de peajes que resurge por la carta de cuatro embajadores lo expresa. Luego de las explicaciones del canciller y de expertos en el tema, queda claro que los embajadores no han violado la convención de Viena, y que los congresistas sí han violado la constitución, lo que costará demandas millonarias en las cortes internacionales que el centenar de congresistas que apoyaron la ley debieran responder solidariamente con la suya.

El problema de fondo no es de patriotismo ante un ‘intervencionismo extranjero’, que motiva a un exembajador de Alan García, Hugo Otero, a plantear, ayer en este diario, la remoción de esos embajadores; ya solo faltaría romper relaciones con esos países y organizar marchas a sus sedes diplomáticas.

El fondo es que, cada día, hay un nuevo mamarracho legislativo en el congreso, como ascensos automáticos sin meritocracia en salud; o condonación o congelamiento de deudas y límites a las tasas de interés, que originaría quiebras y corridas en el sistema, especialmente de cajas y microfinancieras.

Tras la pandemia, este congreso es, por su dedicación a demoler el marco para la inversión, el enemigo público número dos de la perspectiva peruana.

(AUGUSTO ALVAREZ RODRICH)

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