Nostalgia de lo que nunca jamás sucedió

La incursión de unos hunos sin un Atila en el Congreso.

A este lustro político tan accidentado por el efecto letal en vidas y empleos de la pandemia; la corrupción; y la destrucción de la institucionalidad orquestada por el fujiaprismo que devino en la justificada disolución del Congreso; solo le faltaba la llegada al parlamento de un grupo de gente con el propósito de destruir el esquema económico que se estableció en el país en las últimas tres décadas.

No es que esto que se llama el ‘modelo económico’ que se inició para salir de la catástrofe que organizó el expresidente Alan García en su primer gobierno sea la panacea ni mucho menos, pero sí logró armar un mejor país que el de entonces, aunque –como ha sido obvio en la pandemia– sus carencias, brechas sociales y desigualdad explotan en la cara de todos.

Lo cual, como se mencionó hace poco en esta columna, debe reconocer que una cosa es ‘el modelo económico’ y otra el ‘modelo de desarrollo’, algo para lo que ni la izquierda ni la derecha carecen de entendimiento y propuesta.

Tampoco la mayoría de congresistas del nuevo parlamento, lo cual demuestran cada día con otra iniciativa descabellada, como, entre las más recientes, eliminar los contratos ley de la constitución, bajar sueldos en el sector público, controlar precios, congelar tasas de interés, y, en fin, todo lo que aparezca en el libreto de manicomio que inspira a unos hunos que no tienen ni un Atila que los organice en su afán de azotar la perspectiva del país.

¿Por qué lo hacen? Era difícil entenderlos hasta que la congresista de Podemos Cecilia García –que se hizo famosa con su infeliz propuesta de ‘chapa tu choro’– lo explicó hace unos días: “¿Por qué tenerle miedo al ‘no hay dinero’, si sabemos que eso es una constante en cada lucha que emprendemos? Con el no hay plata, tiran tu sueño, matan tu ilusión; esta pandemia ha traído a un congreso populista que, por primera vez, saca cara por ese pueblo que ha estado oprimido por muchos años”.

En medio de un desorden, apresuramiento e improvisación fenomenales, sin pasar por comisiones ni contar con estudios técnicos para sus desvaríos, estos congresistas quieren reconstruir, vía su ‘populismo’, y como cantaría Joaquín Sabina, la nostalgia de lo que nunca jamás sucedió (ni funcionó).

(AUGUSTO ALVAREZ RODRICH)

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