Fronteras no deseadas

¿Cómo va a ser la relación epidemiológica entre regiones? El país se está separando en distintas zonas de peligrosidad, en un mapa que va variando día a día».

¿Cómo va a ser la relación epidemiológica entre regiones? En Lima la situación parece estar relajándose lo suficiente como para pensar en restaurantes abiertos para julio. En muchas regiones el virus sigue avanzando, a diversos ritmos. El país se está separando en distintas zonas de peligrosidad, en un mapa que va variando día a día.

Este panorama disparejo va a definir por un buen tiempo fronteras internas de facto. Lo cual a su vez significará dificultades para los viajes interprovinciales, un engranaje indispensable para la economía. La penuria quizás aliente más movimiento de personas, para huir del virus o para buscar oportunidades de supervivencia, o ambos.

La respuesta que automáticamente viene a la mente es controlar los desplazamientos, una tarea tan difícil como lo fue en su momento deshacinar los mercados. Además es una tarea ingrata, como se vio frente a las multitudes que emprendieron un atropellado retorno desde la capital hacia sus provincias de origen.

Quedarse quieto frente al virus en una localidad dada, en cuarentena o al menos en distanciamiento social, implica una confianza en el tratamiento local, casi todos pobres hoy, y la posibilidad de un mínimo ingreso. La ausencia de cualquiera de estos dos factores propicia un desbande proporcional a la gravedad de la situación.

En una situación desbalanceada como la actual, ¿qué hacer? ¿Reclamar certificados de inmunidad en las tranqueras? ¿Permitir o controlar viajes en una dirección y no en otra? ¿Imponer la moratoria general de viajes para ciertos lugares, hasta nuevo aviso? Todo esto en el entendido de que todos los trayectos tienen parecidas características.

El telón de fondo para todas estas preguntas es que en julio también se empezará a permitir el transporte privado de pasajeros interprovinciales. La prohibición ya estaba bastante perforada, pero una apertura sin controles ciertamente produciría nuevos efectos infecciosos, que en ese caso no se podrían llamar inesperados.

¿Podrá el grueso de la atención y los recursos del país trasladarse a las zonas hoy más afectadas? La erradicación, léase la tranquilidad, completa de todo el territorio depende de ello. Solo aliviarse en Lima sería insuficiente, incluso para la propia capital. Pocas veces han venido tan juntos la solidaridad y el beneficio práctico.

(MIRKO LAUER)

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