Autorregulación y responsabilidad

Después de 107 días de vigencia culmina hoy, salvo en siete regiones, el aislamiento social decretado por el gobierno que preside Martín Vizcarra para detener la expansión del nuevo coronavirus y que ha permitido salvar la vida de más de 145,000 personas solo en Lima según el Ministerio de Salud (Minsa). A partir de la fecha, la población está autorizada para salir a las calles y cumplir sus actividades diarias, salvo entre las 22:00 y las 4:00 horas, lapso en que continúa la orden de inamovilidad obligatoria.

Esta nueva fase no implica que el peligro haya desaparecido. El virus SARS-Cov-2 es todavía una amenaza muy grave para la humanidad. El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhamon Ghebreyesus, lo ha advertido con crudeza: “Lo peor de la pandemia aún está por venir y la salida ni siquiera está cerca”. Además, el continente americano es ahora el epicentro de la pandemia y los contagios y decesos continúan en ascenso en la mayoría de países de la región a pesar de los esfuerzos de sus autoridades.

En ese contexto, el Perú ha experimentado un descenso muy lento en términos estadísticos en la curva de contagios y el factor Rt se ha reducido a menos de uno; sin duda, noticias alentadoras, pero que de ninguna manera deben llevarnos a pensar que la amenaza ha sido derrotada. Por el contrario, los contagios se mantienen altos en Ica, Arequipa, Junín, Huánuco, San Martín, Áncash y Madre de Dios, y el riesgo de un rebrote está latente si no se toma conciencia de la necesidad de mantener las medidas de seguridad sanitaria aun cuando las restricciones hayan ingresado a una nueva fase.

Por ello, el Gobierno ha recalcado que es necesario dar comienzo a la “nueva convivencia”, es decir, un cambio en el estilo de vida en el que la población deberá continuar con sus actividades, pero guardando directivas de seguridad a fin de reducir las posibilidades de contagio del covid-19.

Se trata, en suma, de mantener acciones básicas, pero obligatorias de distanciamiento social e higiene con el propósito de evitar que el agente patógeno infecte nuestro organismo. Las más importantes son el uso irrestricto de mascarilla, guardar una distancia mínima de un metro y medio frente a otras personas, evitar las aglomeraciones y lavarse las manos con frecuencia con agua y jabón.

Seguir estas normas básicas pueden marcar la diferencia entre mantenernos sanos o contraer la enfermedad. Es cierto que para un sector de peruanos, por ejemplo, el que encuentra en el comercio ambulatorio su medio de vida, esta tarea es complicada debido a que requiere trabajar en contacto con otras personas. Sin embargo, es indispensable hallar la forma de compatibilizar ambas urgencias.

Por ello, la “nueva convivencia” demanda a la población de todos los sectores sociales un ejercicio de autorregulación y autodisciplina, pues la responsabilidad recae ahora en los peruanos y peruanas. Aun cuando la cuarentena se haya levantado en la mayoría de ciudades y sea ahora focalizada en las siete regiones mencionadas, es imperativo preservar el celo y actuar con responsabilidad porque de ese modo apoyaremos el gran esfuerzo de nuestras autoridades y, sobre todo, el enorme sacrificio de miles de profesionales de la salud, de la Policía y las Fuerzas Armadas, entre otros, que a diario arriesgan su vida para evitar el avance del virus y recuperar la salud de los enfermos.

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