La verdad para mantener la democracia

La sociedad global se ha transformado profundamente en los últimos 70 años, principalmente por el impulso de los avances tecnológicos y el surgimiento de corrientes filosóficas que dan soporte a comportamientos individuales y movilizaciones colectivas, y marcan a la democracia como el sistema que debe sostener al Estado.

Desde esa perspectiva, es necesario determinar qué reglas debemos modificar y cuántas reformas políticas debemos aprobar para reducir, por ejemplo, la pobreza y la desigualdad.

Deberíamos conducirnos a preguntarnos si la nueva colectividad se está fundando sobre la legitimidad de una opinión pública debidamente informada, que ha encontrado en los nuevos medios los canales adecuados para expresarse.

Al ensayarse respuestas podríamos tropezar con propuestas simplistas y carentes de éticas, promesas incapaces de disminuir las brechas económicas, políticas, sociales y de otra índole, e incluso acusar de saboteador a quien exige poner en marcha reformas. Al final de cuentas, mantener el statu quo es mucho más sencillo (y conveniente) que alterar el “orden” de lo establecido.

Entonces, si parece que nos encontramos atrapados, cabe preguntarnos: ¿Cuál es la verdad y cómo encontrarla?

Una explicación es que el cambio no se produce porque es imposible separar el proceso de comunicación del contexto social, y como en este existe confusión y descontento, el proceso de comunicación está dominado por el caos, “en el que la ausencia de moderadores y conductores de la conversación ha permitido que las voces más hábiles y no las mejores hayan terminado por imponer su discurso”, opina el profesor Pedro Silverio Moreno en un artículo en la revista Comunicación y Hombre.

Hoy estamos inmersos en el caos comunicativo y se prefiere privilegiar a quien provoque más escándalo, mayor espectáculo, propiciando “en el campo específico de la información, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se alimenta de la chismografía y el escándalo”, como ha advertido el Premio Nobel Mario Vargas Llosa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *